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La fiabilidad y la elección de los
peritos, unido a la interpretación que los jueces hacen
de sus declaraciones, es actualmente uno de los mayores
problemas del derecho sanitario. Reproducimos a
continuación una tribuna publicada en Diario Médico
sobre el tema:
“ Dentro de la problemática que suponen
los juicios sobre posibles negligencias médicas, estamos
acostumbrados a hablar de “inversión de la carga de la
prueba”, “importancia de la historia clínica”, “vía
penal, civil o contenciosa,” etcétera, pero posiblemente
no insistimos lo suficiente en lo que es el mayor
problema: los peritajes.
Cuando se asiste con frecuencia a juicios
sobre negligencias médicas, se comprende fácilmente la
dificultad del juzgador, lego en la materia, pero que
debe decidir sobre la correcta actuación profesional del
demandado. Es obvio que para llegar al veredicto se
apoya en los peritajes que presentan las partes. De
forma habitual, desconfía de aquellos peritos compañeros
de los acusados y basa las sentencias en los informes de
sus peritos, o sea, los forenses. Si a esto se añade una
acusación particular con graves problemas para conseguir
especialistas que testifiquen a su favor, nos
encontramos con un problema grave, complejo, pero que
necesita un planteamiento valiente por parte de todas
las instituciones implicadas.
El mes de mayo pasado tuvo lugar en el
Juzgado de lo Penal de Cádiz la vista oral de un caso de
posible negligencia médica. Se trataba de una enferma de
55 años de edad, sin antecedentes de interés, que fue
intervenida de una hernia de disco. A la hora de la
intervención se produjo una hipotensión severa, sin
perdidas sanguíneas por la herida quirúrgica, ni
referencia por parte del cirujano de problemas técnicos.
Se procedió a la reanimación del cuadro clínico y se
realizó una serie de pruebas para averiguar la etiología
de la hipotensión. Tras no encontrar ninguna causa se
pensó en la posibilidad de una hemorragia por lesión
vascular y se realizó una laparotomía exploradora, que
no consiguió solucionar el problema al producirse una
parada cardio-respiratoria. En la exploración posterior
se comprobó la existencia de un desgarro de la vena y
arteria iliaca derecha.
Los peritos de la acusación particular
eran un matrimonio alemán (sus declaraciones no merecen
comentario) y los doctores P.A. y A.C.
Entre las declaraciones del doctor P. A.
figuran, textuales, las siguientes: “El neurocirujano es
culpable porque no tenia el título oficial”, “el
neurocirujano es culpable porque la enferma falleció”,
“la alergia al látex no existe, y en todo caso es un
esoterismo de los anestesiólogos”, “en la cirugía de la
columna de la hernia de disco no pueden producirse
problemas vasculares”, “en el Insalud no contrata a
nadie que no sea especialista. Debe ser un problema de
Andalucía, ya que estáis en la otra España”.
El Doctor C. antes de empezar su
peritación, dice que no entiende cómo se puede permitir
interrogatorios de este tipo (el fiscal, lo único que
había hecho era desmontar un informe demencial del
matrimonio alemán), y que él no va a permitir que le
hagan lo mismo: “Lo que ha hecho el fiscal es acoso y
derribo”, “nunca he visto nada parecido”, “esto es un
absoluto corporativismo” (curioso corporativismo entre
el fiscal y los médicos), “yo he sido director de
Hospital, conozco bien a los médicos y ya es hora de
desenmascararlos”.
Con respecto a la historia anestésica,
que recogía todos los datos clínicos hasta el momento
del accidente y posteriormente refería un amplio resumen
de la reanimación: “Yo pediría un grafólogo, pues la
letra es muy clara y esto significa que no se escribió
el día del accidente. Se escribiría mucho después,
cuando se conoció la denuncia”, “no sé por qué no se
escribieron más datos, estarían jugando al mus”, “hubo
mala praxis en la técnica anestésica y en la
reanimación”, “la hoja de anestesia no refleja la
realidad de lo que allí ocurrió”, “hay que recordar que
a lo mejor el anestesiólogo estaba fuera fumándose un
cigarro”, “no pudo existir un shock anafiláctico porque
no hubo broncoespasmo”, “la hoja anestésica es una
chapuza”.
Con respecto a la actuación del
neurocirujano: “mala praxis en la técnica”, “una lesión
vascular de ese tipo se tapona fácilmente con el dedo”
(el perito alemán declaró que la podía taponar el
portero de su casa), “en los toros se taponan estas
heridas con los puños”, “cometió una grave negligencia
médica”.
Con respecto al libro de quirófano, donde
se recogen los datos horarios de la intervención
quirúrgica y la historia clínica: “ésto no es un libro
de quirófano, es una chapuza”, “siempre se pierden los
documentos importantes, porque interesa perderlos”,
“ante esto yo hubiese abierto un expediente y los echo a
todos a la calle”. Con respecto al certificado de
defunción: “es de juzgado de guardia”, “es una chapuza
dentro de otra chapuza”.
En relación a que el neurocirujano tenía
el título expedido en su país, en espera de
convalidación en España (en ese momento estaba
contratado como MESTO): “Si en mi época de director
contrato a un médico sin título, me meten en la cárcel”,
“no tiene homologado el título, por lo que ha cometido
un delito”.
A preguntas del fiscal sobre si el
accidente era previsible/evitable: “En el hospital que
dirigí nunca ha ocurrido esta complicación”, “los
quirófanos no estaban bien preparados”. Ante la
insistencia del fiscal sobre lo previsible/evitable: “no
se ande con detalles tontos, no quiero contestar a esa
pregunta”. Ante esta respuesta, el fiscal cortó el
interrogatorio, explicando posteriormente que es incapaz
de seguir interrogando a un perito, además forense, que
no le da importancia a los términos previsible/evitable.
Los médicos implicados fueron absueltos y
las declaraciones de ambos peritos duramente criticadas
en la sentencia. Pero no siempre habrá un juez y un
fiscal con la profesionalidad de los que intervinieron
en este caso, y, a lo peor, declaraciones de este tipo
pueden ayudar a una condena injusta. El Colegio de
Médicos debería investigar estas declaraciones y actuar
en consecuencia. Aunque las declaraciones son de un
nivel en el que sobran los comentarios, los que
estuvimos en la sala, médicos y abogados, sentimos una
vergüenza e indignación difíciles de describir, aunque
fáciles de imaginar.
Una condena penal supone al facultativo
la inhabilitación, la posible pérdida de la plaza y en
casos extremos la cárcel. Si el juez hubiese creído a
estos peritos, podíamos habernos encontrado con todas
estas consecuencias. No se pueden tolerar peritajes de
este nivel, que demuestran un desconocimiento
jurídico/médico extremadamente peligroso. La
interpretación que de estas declaraciones realizó la
prensa y su influencia en la opinión publica y en el
prestigio del hospital implicado y sus profesionales es
otro factor fundamental y de muy difícil rectificación.
Hay que abordar con urgencia el
transfondo del problema. Los jueces que abordan posibles
negligencias médicas deben ser asesorados sobre la lex
artis del caso de que se trate, y eso sólo lo pueden
hacer médicos especialistas. Los demás opinan sobre algo
que leen, algo que le dicen, algo que han oído o algo
que se inventan, pero nunca opinan sobre su experiencia
en casos similares, sencillamente porque no la tienen. Y
el que no tiene experiencia no debe peritar a base de
leer, porque no está capacitado para saber qué fuentes
consultar, ni para valorar la credibilidad de dicha
información. Los que tienen que basar su peritaje en lo
que leen, oyen o inventan son un auténtico peligro para
que se descubra la verdad, lo que se agrava aún más si
les mueven importantes gratificaciones económicas.
Pero no seríamos sinceros si dejásemos
aquí la presentación del problema. En algunas ocasiones,
los peritos de la misma especialidad tienden a defender
a toda costa al compañero, lo que es fácil de comprobar
cuando se asiste a juicios o se leen sentencias. Esto
permite comprender sentencias aberrantes en uno u otro
sentido, que en unas ocasiones crean desconcierto y
medicina defensiva y en otras, sensación de impunidad.
Si seguimos sin abordar esta problemática, nos vamos a
encontrar con “peritos profesionales” en declarar contra
médicos, que irán de juicio en juicio sin ningún tipo de
prurito ni vergüenza y que en determinadas
circunstancias puedan ser parte importante de condenas
absurdas.
La solución es difícil, pero hay que
abordarla con urgencia. Los Colegios Médicos deben
asumir un papel importante en la credibilidad de las
peritaciones. Hay que crear el clima que permita a los
jueces creer en las peritaciones de los especialistas. A
partir de ahí, no sé si habrá mas o menos médicos
condenados, pero lo que si es seguro es que éstos serán,
habitualmente, los culpables. Los que habiendo ejercido
correctamente su profesión, han pasado por la pena de
tres o cuatro años de “instrucción/banquillo”, podrán
explicar, mucho mejor que nosotros, la importancia de
este hecho.”
No solo en este caso han existido
declaraciones periciales con conceptos anestesiológicos
gravemente erróneos, existen otros igualmente
llamativas, que a veces han servido para condenar y
otras para absolver al demandado. Con la lectura de las
sentencias que expondremos al final del capitulo se
comprenderá perfectamente lo expuesto. |